"ahora bien, el que escucha estas palabras y no los pone en práctica, parece a la persona que levanta una casa sobre arena. En apariencia es igual que la otra..."
Hoy, de manera muy breve quisiera compartir con ustedes unas palabras del Papa Benedicto XVI. En las cuales el comento un versículo del Evangelio que hoy hemos escuchado. En el año 2008, se celebró una reunión de obispos en el vaticano, se llama sínodo de obispos, en el cual se hablaba el tema que tienen que tratar. Los obispos era la palabra de Dios y su importancia en la vida de la iglesia. Al principio de aquellas reuniones, el Papa quiso tener una meditación. No era una homilía, no era tampoco una clase, era simplemente una reflexión en voz alta al propósito de la palabra. Y creo que nos puede hacer mucho bien, porque la palabra de Dios, como diremos a continuación, es el fundamento de todo que existe, también de nuestra propia vida. Y empezaba el santo padre haciendo una breve refleccion que a veces se nos pasa percibida. Que en apariencia la palabra es algo tremendamente débil.
Es prácticamente un suspiro que sale de nuestra boca. Y que apenas la decimos, y desaparece en el silencio. Casi no tiene consistencia, habría cosas, pocas cosas más pequeñas, más frágiles, más débiles que la palabra. Es simplemente una primera percepción porque si nos ponemos a pensar en la palabra humana nos daremos cuenta que en realidad la palabra, el discurso, es o tiene una potencia enorme. Es capaz de cambiar vidas. Decía el Papa, cambia la historia, las civilizaciones.