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XI Domingo en Tiempo Ordinario (Homilia)

XI Domingo en Tiempo Ordinario (Homilia)

junio 12, 2016 1:00 p. m.  · Sergio Muñoz Fita

Homilias, Tiempo Ordinario

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Me disculpo de antemano por la voz, resulta que estoy un poquito constipado y si tozo, si me tengo que sonar los mocos pues, me lo perdonan. Las lecturas de este Domingo son todas muy importantes. Porque contienen todas ellas dos enseñanzas fundamentales. La primera referida a Dios, y que podríamos resumir con estas palabras: "Dios lo perdona todo." Y en segundo lugar en relación a nosotros porque para recibir el perdón de Dios, es necesario tener en el pecho, en el corazón, las actitudes correctas. Creo que es importante recordar cual es la vocación a la que Dios nos ha llamado a todos. Y que descubrimos en la meditación tranquila de la palabra de Dios. Y si vamos a las cartas de Sn. Pablo encontraremos que allí El repite varias veces que todos hemos sidos llamados a ser santos e irreprochables en la presencia de Dios por el amor. Se nos indica por tanto cual es la meta, y al mismo tiempo cual es el camino que conduce a esa meta. Para alcanzar la santidad, hemos de amar. Tenemos que amar a Dios como Cristo lo hizo, y tenemos que amar al prójimo hasta la entrega total de nosotros por nuestros hermanos. Y en ese camino, en ese horizonte, en esa ocasión admirable, que nos une a todos, encontramos un obstáculo, una piedra que a veces nos hace tropezar. Incluso que puede despistarnos al punto de hacernos perder el camino correcto. Y esa dificultad es el pecado. Y en la vida Cristiana, es muy importante tener la actitud correcta hacia el pecado. En primer lugar, el pecado personal, pero también el pecado de otros.  Hemos escuchado en el Evangelio como aquel fariseo pensó cuando vio a Jesus recibir aquella mujer. Si este fuera profeta, sabría quién es esta...no permitiría que le tocara los pies. En nuestro orgullo, nosotros a veces le decimos a Dios quien tiene que perdonar, que puede perdonar, y que debe retener. Pero sobre todo hoy, me quisiera centrar en la actitud en relación a nuestros propios pecados. Este es, si quieren describirlo de esta forma, el secreto de la santidad. Lo peor no es el pecado, lo peor es la reacción nuestra frente al pecado que hemos cometido! Podemos usar nuestras faltas para amar más a Dios, para crecer en humildad. Para glorificar a Dios por la misericordia que tiene con nosotros. O bien, de nuevo en nuestro orgullo, podemos de reaccionar negativamente, orgullosamente, frente a las faltas que hemos cometido. Y eso a lo largo de un camino largo de vida Cristiana termina convirtiéndose en una especia de peso que lleva uno sobre las espaldas. Y que le impide caminar con garbo, con alegría, con energía hacia la única meta que es la santidad.  Hay muchas personas que viven como si llevaran un cadáver en el corazón por algo que tal vez cometieron hace tiempo. Y parece que aquella falta que cometieron hace mas o menos tiempo les impide luchar y ser santos. Es como si interiormente ellos pensaron de la siguiente forma: "si no hubiera cometido aquel pecado...si no hubiera hecho aquello...yo hoy me esforzaria por ser santo. Me tomaria mas en serio mi vida de unión con el Señor. Pero después de lo que paso, como voy aspirar a una vocación tan sublime como esa." Incluso a veces uno encuentra gente que dice que quiere ser santa, pero que en la práctica a renunciado a esa meta. Afirma teoricamente el horizonte. Pero luego en el dia a dia no se compromete en realizar esa llamada que Dios nos ha dado. Como tenemos que reaccionar ante nuestras propias faltas? Vallamos ahora a la palabra de Dios que nos ha comunicado la iglesia. Podemos resumirlo todo en 3 grandes actitudes.  La 1a actitud que no es suficiente, pero que es el primer paso que hemos de dar consiste en reconocer nuestra falta ante Dios. Con honestidad, con valor!...tal y como ha sido. Esto es muy dificil de encontrar, porque tendemos a excusarnos ante Dios del mal que hemos cometido. Le echamos la culpa a la circunstancias, a las dificultades, a las personas que se encuentran a nuestro lado. En un intento de intentar quitarnos la responsabilidad ante Dios. Nos parecemos a Adan, que cuando fue preguntado por el Señor "Pero que has hecho? Cómo has comido el fruto del cual yo te prohibí comer?" Y en lugar de tener un actitud viril, y decir "Señor, perdon", le hecha la culpa a Eva. "La mujer que me diste me ofreció del fruto, y yo comí." Y en esa pagina de la escritura estamos de alguna manera retratados todos nosotros. Tenemos que confesar nuestras culpas. Lo ha dicho el salmo tambien. Confesaré al Señor mi culpa, y el perdono mi culpa y mi pecado. Y esto es muy importante. No me estoy refiriendo solamente al sacramento de la confesión, que también, sino al actitud del corazón. Yo puedo evitar el sacramento porque no deseo humillarme ante Dios. O puedo ir a confesar, pero no tener la actitud correcta para poder recibir toda la gracia de Dios. Y aquí nos da mucha luz, la primera lectura de hoy, tomada del 1er libro de Samuel, y que nos cuenta un episodio de la vida del profeta David. David es la persona mas alabada de toda la escritura después del Señor. De nadie se dicen tantas cosas tan buenas como de David. Se le llama muchas veces "El santo profeta David." Se llega utilizar esta expresión, el hombre hecho según el corazón de Dios. El amigo íntimo del Señor. Pues bien, un dia David esta paseando por su palacio en Jerusalén y desde el balcón ve a una mujer, Betabe, que se esta bañando. Y siente deseos de pecar con ella. Y como es el Rey y puede hacer lo que quiera, llama a la mujer, la mujer entra en el palacio, y David tiene relaciones con ella. Peca ante Dios, porque aquella mujer estaba casada. Y estaba casada con un hombre que era soldado, y que estaba peliando en una de las guerras de David. Estaba exponiendo su vida para el Rey que ha tomado a su esposa. Después de no mucho tiempo, la mujer manda un recado al Rey. "Estoy en cinta, me he quedado embarazada, y no le puedo echar la culpa a mi marido porque no esta en casa." Pues bien, el gran profeta David manda que aquel hombre que estaba en el frente, regrese a Jerusalen. Y por dos veces, intenta que Urias, que asi se llamaba este hombre, se acueste con su esposa. Y aquel hombre que era un hombre noble, que tenía un sentido grande de la honestidad, piensa- "Cómo voy a dormir Yo en el decho de mi mujer, mientras mis compañeros estan perdiendo la vida en la primera linea de batalla?" Y se negó a entrar en su casa. Y Betsabe avisa al Rey David "Urias no ha entrado, no hemos podido dormir ni una noche juntos, se ha negado." Y entonces como reacciona el Rey David? Escribe una carta al jefe del ejército, en la cual viene a decir lo siguiente: "Te envió a Urías para que lo coloques en la primera linea del combate, y cuando la batalla arrecie, y se encuentre en el momento más intenso, da la orden de que todos se echen hacia tras y dejen a Urías solo ante el enemigo." Y en el colmo del cinismo, David, esa carta se la entrega a Urías y le dice "Llevale esta misiva al jefe del ejército." Y aquel hombre honesto, bueno, valiente, se llevaba bajo el brazo su propia sentencia de muerte. Y entrega la carta a aquel hombre. Y el jefe hace lo que el Rey dice. Y efectivamente cuando la batalla está en su momento más álgido, da la orden, se retiran todos, y Urias muere. Y poco después de aquello, David toma a Betsabe como esposa. Arreglado. "Me he quitado del medio el problema, me he casado con esta mujer, y nadie sabe lo que ha sucedido." Y ahora viene Dios a decir su palabra. Y el Señor manda que el profeta Natán valla al palacio a ver al Rey David. Y cuando entra en la corte, el profeta le cuenta a David esta parabola:  "Una vez en una ciudad había dos hombres, uno tenía muchísimas ovejas, mucho rebaños. Era alguien rico. El otro era un pobre hombre que no tenia nada mas que un cordero. Un dia llego a esa ciudad un amigo del rico, y este no queriendo matar una sola de las cabezas de ganado, tomó la corderita del pobre. A la cual el quería como si fuera una hija." Y cuando David escucha aquello, no puede dejar que termine la historia. Se pone de pie, se enciende, y le dice al profeta y a todos los que estaban en la habitación "Vive Dios, que el que ha hecho eso merece la muerte!"...Y el profeta contesta: "David...Tù eres ese hombre. Tu eras el Rey de Israel, podías haber hecho lo que hubieras querido. Escoger la mujer que hubieras deseado, y has tomado la mujer de este pobre hombre, y no contento con esto, ademas lo has mandado a matar, el que te estaba defiendo a ti." Y llegamos a la primera lectura de hoy, cuando Natán hace que el Rey David se de cuenta de lo que ha hecho. Escucha la respuesta del profeta David, del Rey: Y aquí es donde encontramos la grandeza de este hombre. No porque no hubiera pecado jamas, sino porque no se esconde de Dios. "He pecado contra Dios, no me puedo esconder, ni me puedo justificar, ni me quiero justificar. He pecado contra Dios." Y Natán le contesta: "Por esa humildad, Dios ha perdonado tu pecado." Nosotros ante Dios como nos ponemos? Tenemos la honestidad de caer de rodillas y confesar con sencillez el mal que hemos cometido? O intentamos justificarsnos? He hablado antes de los que van a confesar sin las actitudes adecuadas, y de aquellos que no van nunca a confesar. Podemos utilizar mil justificaciones. "Porque le voy a contar mis pecados a un sacerdote? Yo me confieso directamente con Dios. El Señor es infinitamente bueno." En el fondo sabemos que nos falta la humildad y el valor para pedirle perdón a Dios en el ministro de la iglesia. Por tanto con nuestro pecado, si lo hemos cometido, no nos preocupemos porque Dios es muy bueno. Tengamos la confianza en Dios de pedirle perdón. Y el Señor quiere perdonarte mas de lo que tu quieres ser perdonado por El. En 2o lugar, tenemos que abrazarnos al misterio de Cristo. Y no de cualquier Jesus. Decía Sn Pablo en la 2a lectura: "Cristo crucificado, estoy crucificado con él. Pero vivo yo pero ya no soy Yo, es Cristo que vive en mi." Podemos decir nosotros eso en nuestra vida Cristiana? Hemos abrazado el misterio de Jesús? Lo vivimos en lo que hacemos y decimos? Estamos crucificados de verdad con el Señor? O buscamos cualquier salida para ensuciarnos en los placeres de este mundo? El santo ha confesado su pecado, pero además a acudido al Señor. Y acabo regresando al Evangelio. Asi hizo aquella mujer, tan valiente de la que nos habla hoy San Lucas. Y esta es la 3ra enseñanza sobre cómo reaccionar ante nuestros pecados porque el Señor, al final del relato tiene un afirmación que es bastante extraña. Dice asi Jesús: "Se le han perdonado sus muchos pecados porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, poco ama."  Parece que lo normal hubiera sido que Jesús hubiera dicho: "Pero al que poco ama, poco se le perdona." Pero Jesús invierte el orden de esta lógica y dice "Podemos usar nuestros pecados para amar a Dios mas de lo que lo le hubieramos amado, si no hubiéramos faltado. Podemos servirnos de nuestras faltas como de un trampolín para subir y acercarnos mas a Dios. Puedes amar a Jesucristo a pesar de los pecados muy graves o muy abundantes que hayas podido cometer. Y el Señor nos da esta gracia admirable, por eso sí podemos y debemos aspirar a una gran santidad. Pues vamos a pedirle hoy al Señor, queridos hermanos, por la intercesión de nuestra madre la Virgen Maria que aprendamos estas 3 grandes lecciones de la palabra de Dios en el Domingo de hoy. Que nos coloquemos ante Dios sin excusas y con humildad. Que nos abracemos a Cristo y a su redención para que el nos de paz, misericordia, y alegría, y que aprendamos la gran lección de utilizar servirnos de nuestros pecados para crecer en un amor mas grande, mas intenso, y más puro hacia el Señor. Que asi sea.

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