Queridos hermanos:
La Palabra de Dios es tan cristalina hoy que casi no es necesario añadir nada más. «Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden». ¿No les parece que esta petición del Padrenuestro resume bien lo que el Señor hoy nos está intentando decir?
Mi director espiritual, el Padre Carlos Valverde, me contó esta historia antes de morir, que él había conocido en primera persona. Cuando terminó la Guerra Civil española - año 1939 - el hijo de uno de las víctimas puso una denuncia para que procesaran y ajusticiaran a los asesinos de su padre. Estos asesinos habían luchado para las milicias comunistas y, como habían vencido los nacionales, esperaba que aquellos hombres acabaran fusilados como castigo por su crimen. Orgulloso de su mismo, llegó a casa y le dijo a su pobre madre, una sencilla campesina: «madre, ¡por fin se va a hacer justicia!». «¿Por qué dices eso, hijo mío?» - le dijo la madre-. «Porque he denunciado ante las autoridades a los asesinos de padre. ¡El que a hierro mata, a hierro tiene que morir!». La madre se le quedó mirando y le dijo: «¿Qué has hecho?» «Denunciar a los que te han dejado viuda, madre!». Aquella mujer, que no había tal vez leído un libro en su vida pero que había aprendido bien la lección del Evangelio de hoy le dijo a su hijo: «oye, ¿tú no sabes lo que dice Jesús en el Evangelio? ¿No sabes que nos pidió perdonar hasta setenta veces siete y amar a nuestros enemigos? ¿Tú no sabes que Jesús, en la cruz, ofreció su misericordia a los que le estaban crucificando? Ahora mismo vas de vuelta al cuartel y, de mi parte, retiras esa denuncia». El P. Valverde terminaba esta historia de la siguiente manera: «me consta que esta mujer, en los años siguientes, que fueron de muchísima hambruna y miseria en toda España, esta pobrecita viuda hizo muchos favores y ayudó de muchas maneras a los que habían torturado y matado a su esposo».
Queridos hermanos: esto es lo que el Señor nos pide hoy. Perdonar para ser perdonados. Imitar el amor de Cristo y amar a quien nos odia. Ayudar a quien nos ha hecho sufrir. Devolver bien por mal. Tratar a los demás como deseamos que Dios nos trate a nosotros. Imitar la bondad de nuestro Padre que envía su sol a buenos y malos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.
En eso consiste ser cristiano: en mostrar una forma de vivir que no es como la de quienes no tienen a Jesucristo en su vida. Perdona a tu enemigo, a tu esposo, a tu jefe, y déjate perdonar por ellos. No guardes rencor y aprende a pasar página con alegría. Y toda esa misericordia de la que hablaba el salmo se derramará sobre ti y te traerá la paz, el gozo y la esperanza de alcanzar un día la felicidad eterna en el Paraíso.