Queridos hermanos:
El Señor hoy nos recuerda que nada hay más importante que el amor. San Juan escribe que Dios es caridad, y ese Dios que es amor ha muerto en la cruz por nosotros. Cada semana, ese sacrificio se hace presente en la santa Misa y, al unirnos a Jesús en la Sagrada Comunión, Él nos da la gracia para que amemos con Él y como Él.
Saben que Santa Ana tiene, desde hace unos meses, un nuevo lema:Fiat Voluntas Tua. Como hemos explicado en las últimas semanas, esas tres palabras del Padrenuestro expresan la cima del amor. Cuando dos personas se quieren, se convierten en un solo corazón y desean lo mismo. Por eso, cuando una persona ama a Dios – como hemos rezado en el salmo de hoy - quiere hacer su Voluntad: no lo hace porque está obligado, no lo hace por miedo a las penas del infierno, lo hace porque desea complacer al Amado. De ahí que el Señor diga en el Evangelio de san Juan: «quien me ama, guardará mis mandamientos» (Jn 14,15).
Yo hoy quiero pedir al Señor que nos regale un puñado de personas en nuestra parroquia, en nuestros países y en la Iglesia que estén dispuestos ahacer la Voluntad de Dioscon todo su corazón, con toda su alma y con toda su mente; personas que, por amor a Dios, amen también a todos los hombres y a todo el hombre; personas que hagan de nuestro lema parroquial la enseña de su vida, la razón de todas sus decisiones, la bandera de todas sus batallas.
Señor, ¡hágase tu Voluntad! Enséñanos a decir estas palabras que Tú mismo nos has enseñado en todas las etapas de nuestra vida:
Cuando nos regales días felices y nos resulte sencillo ver tu mano providente en los dones que recibimos de ti,hágase tu Voluntad.
Cuando nos des consolaciones y tomar decisiones correctas sea fácil y sencillo,hágase tu Voluntad.
Cuando nos visite el misterio de la cruz y experimentemos sufrimiento y oscuridad,hágase tu Voluntad.
Cuando sintamos que se nos va la vida y experimentemos las limitaciones y la fragilidad físicas,hágase tu Voluntad.
Cuando llegue nuestra última enfermedad y afrontemos los últimos días de nuestra existencia,hágase tu Voluntad.
Cuando perdamos a nuestros seres queridos y lloremos la marcha de quienes amamos, hágase tu Voluntad.
Cuando permitas que el humo de Satanás entre en la Iglesia y los buenos se cansen de hacer el bien, hágase tu Voluntad.
Cuando en tu Providencia misteriosa permitas que la confusión se extienda por el mundo, el mal se oculte bajo capa de bien y los lobos ocultos bajo piel de oveja causen estragos en tu pequeño rebaño, hágase tu Voluntad.
Cuando nos visite la sequedad y no sintamos tu presencia, cuando parezca que nos has abandonado y permitas la prueba para purificarnos, hágase tu Voluntad.
Señor,hágase tu Voluntad y, al mismo tiempo, ayúdanos a hacer siempre tu Voluntad, que es amor.
Tu Voluntad es que amemos a nuestros hermanos, especialmente los más débiles: los no nacidos, los niños, los necesitados, los pobres, los enfermos, los extranjeros, los huérfanos. Ayúdanos a hacer tu Voluntad.
Tu Voluntad es que no abandonemos la batalla, sino que luchemos contra el mal con las armas de la verdad, la caridad y la paz: ayúdanos a hacer tu Voluntad.
Tu Voluntad es que nuestra amistad contigo sea nuestra principal prioridad y no nos distraigamos en las trampas de este mundo que pasa: ayúdanos a hacer tu Voluntad.
Tu Voluntad es vencer la cultura de la muerte con la cultura de la vida: ayúdanos a hacer tu Voluntad.
Tu Voluntad es vencer la ignorancia de la fe con el conocimiento de la verdad revelada: ayúdanos a hacer tu Voluntad.
Tu Voluntad es la defensa de la familia, formada por la unión de un hombre y de una mujer.Ayúdanos a hacer tu Voluntad.
Tu Voluntad es un mondo donde todo niño sea amado y bienvenido, donde todo niño tenga un padre y una madre que se amen y familias en las que puedan crecer sanos y felices en el amor a ti y a los demás: ayúdanos a hacer tu Voluntad.
Tu Voluntad es la santidad en el Papa, los obispos, sacerdotes, diáconos y en el pueblo fiel.Ayúdanos a hacer tu Voluntad.
Le pido a María, que dijo «hágase en mí según tu palabra», que nos enseñe a ser como Ella y que, como hemos rezado juntos al inicio de la Santa Misa, interceda para que amemos lo que Dios nos manda y así merezcamos lo que Él nos promete.