Este año hemos escuchado todas las lecturas que la Liturgia permite y por ello intentaré ser especialmente breve en esta homilía.
Quiero desear a todos los que nos están siguiendo desde casa una muy feliz Pascua de Resurrección.
Querida familia de Santa Ana: Cristo ha resucitado. Estas tres palabras condensan el sentido de nuestra vida y la razón más poderosa para la esperanza. Ayer viernes contemplábamos el Corazón sin vida de Cristo crucificado, un corazón inerte, frío por el toque gélido de la muerte. Hoy, la Iglesia vuelve a escuchar con más fuerza que nunca el soplo de un Corazón que ya no muere más.
Cristo ha resucitado. En estas horas oscuras, más que nunca, debemos escuchar el mensaje siempre nuevo de la Pascua. Sé que todos tenemos inquietudes, pero en esta noche no hay lugar más que para el gozo. Cristo ha resucitado y con Él, hemos resucitado todos. Nuestra alegría es Jesús. Nuestra luz es Jesús. Nuestra esperanza está en Jesús. Nuestra fuerza reside en Jesús. Nuestra vida es Cristo glorioso.
Por eso, mis palabras de hoy quieren ser palomas mensajeras de paz que vuelen muy lejos, o muy cerca, a cada hogar y a cada corazón que escucha, para entregaros a todos la única esperanza que no defrauda. La gran lección de esta noche es que la luz de Dios vence la oscuridad del mundo. Nadie puede apagar la llama de esta alegre noticia. Cristo es el principio y el fin de la Historia. Es el sentido de toda la creación y la respuesta a todas las aspiraciones del hombre.
Querida familia de Santa Ana: todos necesitamos hoy la alegría de la Pascua. La necesitan los que están en pecado, o desanimados, o decepcionados. La necesitamos los que debemos dar fuerza a los débiles y ánimo a los que no lo tienen. La necesita este pueblo probado que desea volver a la Mesa eucarística y unirse al Resucitado sacramentalmente en la Santa Misa.
Señor, que nuestra fe en tu Resurrección nos haga fuertes, alegres, intrépidos, fieles y santos. Y que, algún día, habiendo muerto primero contigo, podamos algún día vivir para siempre unidos a Ti, a nuestra Madre, a los ángeles y a todos los santos, en los gozos eternos del Paraíso.