St. Anne Roman Catholic Parish Logo
St. Anne Roman Catholic Parish
  • English
  • Acerca de
    • Contacto
    • Campus Map
    • Preguntas frecuentes
    • Encontrar Ayuda
    • Únete a Sta. Ana
    • Leadership & Staff
    • Juego de trivial
  • Conéctate
    • Anuncios
    • Eventos
    • Calendario de instalaciones
    • Liturgia
    • Proyección Social
    • Visita Flocknote
  • Medios de comu...
    • Medios de comunicación
    • Transmisiones en vivo en YouTube
    • Envios de boletines y medios
  • Recursos
    • Sacramentos
    • Nuestra vida en Cristo
    • Santa Ana en Flocknote
    • My Own Church
    • O.I.C.A.
    • Ambiente Seguro
  • Más
    • Donar por Internet
    • Cómo donar en línea
    • Campaña de Caridad y Desarrollo
    • Lista de deseos de Santa Ana
    • Contribuye mientras haces la compra en Fry's
    • Contribuciones regulares en línea
    • Servir
    • Los Porteros de San José
    • Oportunidades de voluntariado
  • Medios de comunicación
  • Ver en directo
Solemnidad de Todos los Santos - Homilía

Solemnidad de Todos los Santos - Homilía

noviembre 01, 2020 1:00 p. m.  · Sergio Muñoz Fita

Homilias, Tiempo Ordinario

entry.speaker.one().title

Queridos hermanos:

Os deseo de corazón a todos una feliz Solemnidad de Todos los Santos. La verdad es que este año tenía muchos deseos de que llegara este día. Seguramente, muchos de Vds. tienen esta experiencia: tienen que tomar un vuelo y el día está lluvioso y gris. Un tiempo desapacible y tormentoso, frío tal vez, nubes bajas y espesas que no dejan pasar la luz del sol. El avión despega y unos minutos más tarde, te encuentras allá arriba, en otro mundo distinto: el sol que antes parecía desaparecido, ahora baña el aire de luz y de alegría. Las nubes que desde abajo se veían feas y oscuras, desde el cielo son como una alfombra de algodón mullido. Todo es diferente allá: todo es luz, todo es hermoso. 

Creo que la Iglesia nos anima hoy a subir por encima de las nubes y de las tormentas de este mundo y llegar con el corazón a ese otro lugar donde todo es vida, aletría y luz. Allá, en el cielo, «ya no hay llanto, ni muerte, ni luto, ni dolor». Allá, los pobres son ricos, los que lloran son felices, los sedientos quedan saciados, los misericordiosos obtienen misericordia, los pacíficos heredan la tierra y a los perseguidos por Cristo les espera una corona de gloria inmarcesible. Esos son los santos que hoy veneramos: personas como nosotros que se dejaron transformar por la gracia de Dios y vivieron con los pies en esta tierra pero con la mirada siempre puesta en el cielo. Yo hoy os animo a todos a mirarlos a todos, empezando a la Virgen María, porque son ejemplo para nosotros de fidelidad martirial a la fe y luz para nuestro camino de vida cristiana. Ellos interceden por nosotros y nos animan y dan esperanza. Si somos fieles, como lo fueron ellos, algún día estaremos allí, donde lleguen los que no temen las persecuciones y las humillaciones del mundo. 

Como al final, todo se reduce a llevar una vida santa y morir bien, me vana permitir que traiga hoy el testimonio de uno de esos santos que hoy celebramos, y les lea la muerte de santo Domingo Savio, un niño de 14 años. El relato lo escribe su director espiritual, también santo, san Juan Bosco: dicen que la muerte no es hermosa nunca, pero no es cierto. La muerte de un santo es de las cosas más bonitas que se pueden presenciar. Que la santidad de este niño encienda en nosotros el deseo de vivir y morir como lo hizo él. ¡Lección de un niño valiente a unos hombres temerosos como nosotros!

«Es verdad de fe que el hombre recoge en trance de muerte el fruto de sus buenas obras. Lo que siembre el hombre, eso recogerá. Sí durante la vida sembró buenas obras, en aquellos últimos momentos cosechará frutos de consolación; con todo almas buenas, después de una vida santa, sucede a veces que llenan de terror y espanto al acercarse la hora de la muerte. Acontece esto por adorable decreto del Señor, que quiere purgar estas almas de las pequeñas manchas que por ventura contrajeron en la vida, y hacer así más hermosa su corona de gloria en el paraíso. En Domingo no sucedió así. Creo yo que Dios quiso darle aquel ciento por uno que en las almas justas precede a la gloria del cielo. En efecto, la inocencia conservada hasta los últimos momentos de su vida; su fe viva y sus plegarias continuas, las largas penitencias, la vida entera sembrada de tribulaciones, sin duda le merecieron aquel tan envidiable consuelo en el punto de la muerte. La veía acercarse con la tranquilidad de un alma inocente. Parecía que ni siquiera experimentaba su cuerpo las angustias y afanes de ese momento supremo debidos a los esfuerzos que el alma hace, naturalmente, para romper las ataduras del cuerpo. En fin, la muerte de Domingo podía llamarse con más propiedad reposo que muerte.

Era la tarde del 9 de marzo, de 1857, y ya había recibido los auxilios todos de nuestra santa religión. Quien lo oyera hablar y lo viera tan sereno, creería que estaba en la cama para descansar. Su rostro alegre, sus ojos, llenos aún de vida, y el pleno uso de sus facultades dejaba maravillados a cuantos le contemplaban, y nadie, excepto él, estaba persuadido de que se hallaba próximo el fin.
Hora y media antes de exhalar el último aliento, el párroco le vino a visitar y se quedó observando con gran admiración cómo él mismo se recomendaba el alma. Decía frecuentes y prolongadas jaculatorias, que expresaban su vivo, deseo de subir pronto al cielo. -¿Qué se ha de hacer para recomendar el alma a un agonizante como éste? -dijo el párroco. Y después de haber rezado algunas oraciones con él, iba a salir, cuando Domingo le llamó y le dijo:
-Señor cura, antes de irse, tenga la bondad de darme un recuerdo.
-Por mi parte-respondió- no sabría qué recuerdo darte.
-Algún recuerdo que me consuele.
-Como no sea que te acuerdes de la pasión de nuestro Señor...
-¡Sean dadas gracias a Dios! La pasión de nuestro Señor Jesucristo esté siempre en mi mente, en mi boca y en mi corazón. ¡Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía! ¡Jesús, José y María, expire en vuestros brazos en paz el alma mía!
Después de estas palabras se adormeció y descansó una media hora. Al despertar, se volvió hacia sus padres y dijo:
-Papá, ya es el momento.
-Aquí estoy, hijo mío.
-¿Qué necesitas?
-Querido papá. Este es el instante. Tome usted El Joven Cristiano y léame las letanías de la buena muerte.
A estas palabras su madre rompió a llorar y se alejó del aposento. Se le partía al padre el corazón de dolor, y las lágrimas le ahogaban la voz. Con todo, cobró ánimos y empezó a leer las preces. Domingo repetía con voz clara y distinta todas y cada una de las palabras; pero, al final de cada invocación, intentaba decir por su cuenta: «Jesús misericordioso, tened piedad de mí!»
Cuando llegó a aquellas palabras: «Finalmente, cuando mi alma comparezca ante Vos y vea por vez primera el esplendor de vuestra majestad, no la arrojéis, Señor, de vuestra presencia; dignaos acogerla en el seno amoroso de vuestra misericordia, para que eternamente cante vuestras alabanzas...», añadió:
-Pues bien, cabalmente es esto lo que yo deseo, papá: cantar eternamente las alabanzas del Señor.
Pareció después conciliar de nuevo el sueño o ensimismarse en la meditación de algo importante. A poco despertó y con voz clara y alegre dijo: -Adiós, papá, adiós; el señor cura quiso decirme algo más y no lo recuerdo... ¡Oh! Pero... ¡Qué cosas tan hermosas veo!
Diciendo esto y sonriendo con celestial semblante, expiró con las manos cruzadas sobre el pecho, sin hacer el más pequeño movimiento.
¡Sí, alma fiel, vuela a tu Creador! Abiertos están los cielos; los ángeles y los santos te han preparado una gran fiesta;
Jesús, a quien tanto, amaste, te invita y te llama diciendo: ¡Ven, siervo bueno y fiel, ven! Tú combatiste, y alcanzaste la victoria, ¡ven ahora a tomar posesión de un gozo que no tendrá fin! ¡Entra en el gozo de tu Señor!»

Que el Señor nos conceda vivir una vida como la de los santos para poder terminar nuestros días con una muerte santa como la suya y cantar después eternamente las alabanzas de Dios en el paraíso.


Acerca de
Contacto
Campus Map
Preguntas frecuentes
Encontrar Ayuda
Únete a Sta. Ana
Leadership & Staff
Juego de trivial
Conéctate
Anuncios
Eventos
Calendario de instalaciones
Liturgia
Proyección Social
Visita Flocknote
Medios de comu...
Medios de comunicación
Transmisiones en vivo en YouTube
Envios de boletines y medios
Recursos
Sacramentos
Nuestra vida en Cristo
Santa Ana en Flocknote
My Own Church
O.I.C.A.
Ambiente Seguro
Más
Donar por Internet
Servir
© 2026 La Parroquia de Santa Ana