1a Lectura: Dn 7, 13-14 Salmo Responsorial: Salmo 92, 1ab. 1c-2. 5 2a Lectura: Apoc 1, 5-8 Evangelio: Jn 18, 33-37
Yo, Daniel, tuve una visión nocturna:
Vi a alguien semejante a un hijo de hombre,
que venía entre las nubes del cielo.
Avanzó hacia el anciano de muchos siglos
y fue introducido a su presencia.
Entonces recibió la soberanía, la gloria y el reino.
Y todos los pueblos y naciones
de todas las lenguas lo servían.
Su poder nunca se acabará, porque es un poder eterno,
y su reino jamás será destruido.
R. (1a) Señor, tú eres nuestro rey.
Tú eres, Señor, el rey de todos los reyes.
Estás revestido e poder y majestad.
R. Señor, tú eres nuestro rey.
Tú mantienes el orbe y no vacila.
Eres eterno, y para siempre está firme tu trono.
R. Señor, tú eres nuestro rey.
Muy dignas de confianza so tus leyes
y desde hoy y para siempre, Señor,
la santidad adorna tu templo.
R. Señor, tú eres nuestro rey.
Hermanos míos: Gracia y paz a ustedes, de parte de Jesucristo, el
testigo fiel, el primogénito de los muertos, el soberano de los reyes de
la tierra; aquel que nos amó y nos purificó de nuestros pecados con su
sangre y ha hecho de nosotros un reino de sacerdotes para su Dios y
Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
Miren:
él viene entre las nubes, y todos lo verán, aun aquellos que lo
traspasaron. Todos los pueblos de la tierra harán duelo por su causa.
“Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, el que es, el que era y el que ha de venir, el todopoderoso”.