El domingo posterior a la Navidad, la Iglesia pone la mirada en el modelo que es para todos la Sagrada Familia. Jesús, María y José serán siempre el arquetipo de cualquier comunidad humana que desee vivir las virtudes de las que nos ha hablado el Apóstol san Pablo en su carta a los Colosenses: compasión, magnanimidad, armonía, paz, humildad, afabilidad, paciencia, agradecimiento «y sobre todas, el amor, que es el vínculo de la unión perfecta».
Como saben, ésta es una de las parroquias más grandes de la diócesis que, además, gracias a Dios, continúa creciendo: estamos cerca de llegar a las 10.000 familias registradas y, dentro del perímetro de la parroquia, viven aproximadamente 100.000 almas a las que Dios ama y que desea llevar con él al cielo para siempre. 100.000 personas, 10.000 familias católicas… y 3 sacerdotes. Yo suelo poner a veces este ejemplo: imaginen que fuera capaz de visitar personalmente una familia, cada día, durante un año entero. Al cabo de ese año, habría podido conocer a 365 familias de Santa Ana… Pues bien, necesitaría más de 25 años, sin fallar un día, para ver a toda la gente que el Señor me ha confiado. Es sencillamente inabarcable…
Como párroco, me gustaría estar cerca de todas las familias de Santa Ana, pero no puedo. Por eso, hoy vengo a pediros ayuda para que entre todos discernamos qué nos está pidiendo el Señor para cultivar la vida espiritual de todas las familias, de cada familia, de tu familia. Siento que aquí hay un área en la que debemos trabajar más, en la que podemos hacer más.
Creo que en Santa Ana tenemos familias maravillosas y sé que hay muchas parejas casadas para las que su unión con Dios y su vida de santidad es una auténtica prioridad. Muchas de esas parejas desean sinceramente crecer en la caridad, en la fe, en el camino de la oración. Quieren ser buenos padres para sus hijos. Quieren combatir bien el combate de la vida espiritual. También sé que muchas se sienten solas, querrían conocer a otras familias de la parroquia y avanzar con ellas en la aventura de la amistad con Cristo.
A quienes se reconozcan de alguna manera en estas palabras, os pido que os comuniquéis conmigo para que veamos lo que podemos hacer juntos. Sé que Dios ha dado inquietudes y talentos a muchos de vosotros para trabajar en la pastoral familiar. Otros tendrán incluso experiencia en ministerios y podrán realizar valiosísimas aportaciones.
Por favor, decidme dónde estáis espiritualmente, qué necesidades cristianas tenéis, cómo pensáis que podéis servir al Señor en este aspecto, y veremos lo que Dios nos permite realizar: «Mi esposo y yo querríamos tener un grupo de parejas casadas con quienes rezar y aprender juntos, pero querríamos compartir con ellos una misma sensibilidad». «Mi problema es que no sé cómo educar a mis hijos en la fe». «Confieso que tengo una carencia en mi formación y desconozco muchas de las enseñanzas de la iglesia». «Mi esposo y yo querríamos conocer los métodos naturales de regulación de la natalidad pero no sabemos a quién ir, o nos da un poco de vergüenza, o hemos oído que los cursos son muy caros». «Yo querría ayudar si se hiciera algo para las familias, pero no sé bien qué podría hacer». «Yo tengo experiencia y podría ayudar de esta manera». Cada uno sabrá qué decir y cómo expresarlo.
Tal vez el modo más rápido y sencillo para manifestarme vuestros deseos e inquietudes sea el correo electrónico (frfita@stanneaz.org). Mi intención es compartir lo que me digáis con personas que puedan ayudarme a discernir y a canalizar todos esos «gritos de ayuda». Por eso, os pido que si hay algo que deseáis decirme confidencialmente, lo señaléis expresamente para que esa parte la lea y conozca exclusivamente yo.
Lo que he dicho hoy se dirige a parejas casadas en las que ambos, a ejemplo de san José y María, compartan el deseo de crecer espiritualmente. Sé que hay muchos otros grupos de personas que necesitarían también acompañamiento espiritual, como padres solteros, viudos o viudas, personas casadas que se sienten solas en el camino cristiano porque el cónyuge es hostil a la fe, etc. No me olvido de vosotros tampoco: es solo que no podemos afrontar todo a la vez y debemos ir pasito a pasito.
Le pido a la Sagrada Familia de Nazaret que nos asista para que podamos servir mejor a las familias de nuestra comunidad y que así podamos preservar el don de la gracia divina que Dios nos ha regalado al hacerse hombre por nosotros.