La Palabra de Dios nos presenta en este domingo de Pascua la imagen de Cristo como buen pastor. La palabra que utiliza san Juan en griego para describir al pastor es kalos, que no significa directamente bueno, como solemos traducir nosotros, sino hermoso. Verdaderamente, nuestro Pastor es el más hermoso de todos los hijos de los hombres. Es sobre todo la caridad la que lo embellece: «por esto me ama mi Padre, porque doy la vida».
Recuerdo haber leído una idea en el Comentario de santo Tomás de Aquino al Evangelio de San Juan que me ha hecho siempre mucho bien. Decía el Doctor Angélico que el título de pastor, Jesús no ha querido compartirlo con sus discípulos. Pensad, por ejemplo, en el apelativo de «luz del mundo». Jesús lo utiliza para referirse a sí mismo, cuando afirma: «yo soy la luz del mundo, el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8, 12). Ahora bien, también cuando habla de sus seguidores les atribuye este atributo: «vosotros sois la luz del mundo, no puede ocultarse una vela puesta en el celemín» (Mt 5,14). Es, por así decir, una propiedad suya por naturaleza y nuestra por participación.
Sin embargo, Cristo nunca dijo a sus Apóstoles: «vosotros sois pastores». Más aún, Él quiere enfatizar el hecho de que no hay otro pastor fuera de Él. En el Evangelio de hoy nos ha dicho: «habrá un solo rebaño, un solo pastor». En las apariciones junto al Lago de Tiberiades, el Señor resucitado le dice por tres veces a san Pedro: «apacienta mis ovejas» (Jn 21,15-17).
Es decir, el Señor quería que les quedara muy claro a sus discípulos que las ovejas son suyas, no de ellos; que Él era el único pastor. Entonces, ¿por qué se dice de los sacerdotes que son pastores? Bien, aquí es donde la sabiduría de los santos nos deja siempre estupefactos. Santo Tomás de Aquino escribe: officium pastoris caritas est. El deber del pastor es la caridad. Cuando el sacerdote ama con amor de caridad, entonces ya no es Él, sino Cristo quien pastorea a sus ovejas en Él. ¿No es esto hermoso?
Los sacerdotes no somos importantes. El único importante es Aquel que, en nosotros, os apacienta. Aquel que, en nosotros, cura vuestras heridas. Aquel que, en nosotros, os enseña y así os guía hacia los pastos verdes del Paraíso. Aquel que, en nosotros, os alimenta. Aquel que, en nosotros, os ama.
Pensaba en esto estos días porque el Padre Job ha sido transferido a otra parroquia. El Sr. Obispo lo envía a la comunidad de Saint Jerome a partir de julio. Lo vamos a echar mucho de menos porque el Padre Job es un sacerdote con el corazón de un servidor. Nos ha ganado con su sencillez, con su alegría, con su serenidad. Yo le estoy tan agradecido… Y, pensando en su salida y en este mensaje que estoy compartiendo con vosotros, me decía: «en realidad, el único pastor de Santa Ana y de cualquier parroquia es Jesús. Él siempre permanece, aunque nosotros los sacerdotes vengamos y nos vayamos. Santa Ana ha tenido muchos párrocos, pero solo ha tenido un pastor. Ha tenido muchos sacerdotes, pero solo un “buen pastor”. Nosotros somos detalles sin importancia, actores secundarios en el drama de la redención humana. El gran protagonista, el único pastor, el que siempre permanece, es Jesucristo».
Ésta es una idea muy consoladora para mí, y también debe serlo para vosotros. Siempre tendréis con vosotros al único buen pastor. El mismo que os ha cuidado hasta ahora en los sacerdotes que vinieron antes y que os cuidará en los que vendrán después. Él no faltará a su palabra, porque es siempre fiel (2 Tim 2,13). Lo que he dicho también sirve para los padres de familia y para los catequistas: pensad que vuestros hijos no son vuestros, no os pertenecen. Vuestros hijos son ovejas de Jesús. Vuestra misión como padres y educadores consiste en apacentar las ovejas del Señor, dejar que Él las ame en vosotros, las proteja a través de vosotros. «El buen pastor da la vida por sus ovejas»: dad la vida por ellas vosotros también o mejor: dejad que, siendo uno con Cristo, Él de la vida por ellas en vosotros.
En fin, todo esto es muy hermoso, muy reconfortante, muy profundo. Pidamos al Señor en esta Santa Misa, donde el pastor se hace pasto y nos alimenta de sí mismo, donde en lugar de ser él quien lleve a la oveja sobre sus hombros somos nosotros quienes lo llevamos a Él en nuestro corazón cuando recibimos la Sagrada Comunión, que nos haga por la caridad uno con Él para que, como sacerdotes, padres, educadores e hijos de Dios, podamos ser vivas imágenes del Jesucristo buen Pastor que, muriendo, da la vida por nosotros.