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Cuarto Domingo en Tiempo de Adviento - Homilía

Cuarto Domingo en Tiempo de Adviento - Homilía

diciembre 19, 2020 6:30 p. m.  · Sergio Muñoz Fita

Homilias, Adviento

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Queridos hermanos en el Señor:

Dentro de tan solo 5 días celebraremos la Navidad. El acontecimiento para el que nos hemos estado preparando con tanta ilusión —ese misterio oculto del que hablaba san Pablo— está a punto de suceder, y quería invitaros a todos, en esta recta final, a no distraeros ahora que estamos tan cerca del final. Muchos pueden sentirse tentados a pensar que, como no han vivido el Adviento hasta el día de hoy como hubieran deseado, ya no tiene solución. Algunos pueden tener esta sensación: «he perdido las primeras 3 semanas y, en los pocos días que falta, ya no puedo arreglar mis errores y negligencias». Después de todo, ¿cómo podemos arreglar en 5 días lo que no hemos hecho en 20?
Voy a proponer 3 compromisos que pueden salvar tu Adviento, si no lo has vivido bien hasta ahora, o que pueden ayudarte a rematar tus preparaciones si has aprovechado bien el tiempo.

El primero es el de meditar en el misterio de la Navidad durante 15 minutos diarios. Si lo haces hasta el 25 de diciembre, es una hora de meditación silenciosa antes de Navidad, y te aseguro que Dios, en una hora, puede cambiar el corazón de una persona. Para ayudar en esta meditación, mañana pondré en Flocknote unas reflexiones sobre el misterio de la Navidad que faciliten vuestra oración. Podéis utilizar también las lecturas de este domingo, o las del día de Navidad, u otros libros y materiales que conozcáis y os ayuden. Pero no le robes a Dios esos 15 minutos y aguanta ahí como un campeón. 

El segundo es el de hacer una buena confesión antes de Navidad. Llegar al 25 de Diciembre sin estar en gracia de Dios arruina todo el sentido del Adviento y la Navidad. Como decía el Padre de la Iglesia Orígenes: ¿de qué te sirve que Cristo nazca, si no nace en ti? No dejes que eso suceda. La última oportunidad para confesar aquí antes de Navidad será el martes 22 de diciembre. Ese día ofreceremos 12 horas de confesiones. Podéis también ir a otras parroquias si lo preferís. Pero dejad el corazón limpio para cuando venga el Niño Jesús. 

Por cierto, tengo que pediros un favor: estos días en los que ofrecemos horarios extendidos de confesiones, siempre viene muchísima gente, y algunos de ellos son lo que san Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, solía llamar «peces gordos»: personas que llevan mucho tiempo sin confesar o que necesitan especialmente la gracia del sacramento porque tienen pecados que les pesan mucho en la conciencia. Por eso, os pido a todos que más que nunca ese día nos ciñamos todos a la acusación de los pecados para que podamos confesar a todos y para que no se quede ninguno de esos «peces gordos» sin recibir la gracia de una vida nueva que Dios ha venido a darnos, como hemos escuchado en el Evangelio de hoy. 

El último compromiso es la caridad, que yo os propongo en la forma de perdón y de reconciliación. Dios no perdona a la persona que no está dispuesta a perdonar de corazón a su peor enemigo. No dejes que la Navidad te sorprenda enemistado con nadie. Te animo a que, si hace falta, agarres el teléfono y te comuniques con esa persona que te hizo mal, o con quien guardas algún resentimiento o con quien te has separado por un problema o una discusión. Puede que sea uno de tus hermanos, uno de tus padres, o algún antiguo amigo, o un conocido. Pregúntales cómo están, deséales feliz Navidad, pídeles perdón sin intentar justificar tu ira. Haz lo que sea necesario para que, cuando el Niño Jesús llame a la puerta de tu corazón a cumplir la promesa que hizo a David en la primera lectura, le puedas presentar un corazón reconciliado con Dios y también reconciliado con tu prójimo, con todos tus prójimos. 

Oración, conversión y reconciliación. Haz esto estos pocos días que faltan y tu Navidad podrá ser el principio de una vida nueva. Le pedimos a san Juan Bautista y a la Virgen María y a san José que nos concedan la fidelidad a Dios en estas resoluciones y que, recibamos a Cristo como ellos lo hicieron: con fe, con gran expectación y con un amor extraordinario.


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